La Zabaleta me hace sentir bonito
La ví un día por ahí, no recuerdo si fue en la tele, en mis sueños, o en el bote de leche que nunca tomo. Pero supe que era ella. Me decidí a buscarla. Amigos, zoólogos, músicos, transeúntes, estrellas, alcantarillas, boyas y ni mi gato muerto supieron decirme donde hallarla. Sólo tenía algo de ella, pero no era suficiente. Esperanza casi perdida.
Susana Zabaleta tiene en su haber una gran número de álbumes editados bajo distintos sellos, aunque muchos de ellos no sean tan populares como los de grupitos rebeldes, y cada uno con un algo especial (no te lo puedo decir, porque tu sabes que yo sé que ya lo sabes). Su producción, titulada “Quiero sentir bonito”, nos muestra su potencial interpretativo, que va desde una balada totalmente popera-noventera (“Pruébame”), covers (“Bésame mucho” de Consuelito Velásquez), canciones cabareteras (“Ya tú veras”) y hasta corridos acapella (“Merle Ivonne”). Cada una de las letras da testimonio de la evolución musical que ha tenido esta artista coahuilense, y que pueden pasar de temas profundos como la timidez, esa venda que no nos deja amar (timidez, nunca quedo satisfecho, déjame cerrar los ojos, cuando beso), hasta amoríos raros (¡Ay Merle Ivonne!, siempre briaga, tan toreada, pero así te quiero yo).
De repente un día llegó a un lugar habitado por buhós, algo extraño. Lo extraño no son los búhos, sino que sólo son tres. Y la encuentro. Y la encuentro doble. Le pido viaje conmigo de regreso y me acompaña. La felicidad en mi cara es evidente, to-tal-men-te evidente.
Me dispongo a escuchar el dulce canto de sirena, acompañada por dos voces más (lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, el blanco y el negro). Me transporta a otro mundo, me lleva y me trae. Gente, gente, gente. Y ella cantándome al oído.
Quizá uno de los mejores discos de La Zabaleta, es su producción “Para darle cuerda al mundo”. Este disco fue grabado en una única presentación realizada en la Sala Nezayualcóyotl, del Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se hace acompañar de los pianistas Dmitri Dudin (arreglista además) y Mauricio Nader en la parte musical. La pieza faltante en este rompecabezas, son las letras de Liliana Felipe, que parecieran ser escritas exclusivamente para Susana, porque son como ella, irreverentes y a la vez profundas. Nos hace reflexionar sobre el amor, el desamor, el placer y los deberes. En conjunto es un disco de colección, único, exclusivo y hasta foliado.
Ahora no se si la idolatro o solo se ganó un lugar en mi vida, pero ya la tengo, a disposición de mi cuando quiera. Porque ella, ella me hace sentir bonito.
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