I love NY

 "Esta es la historia (...) que todo mundo desea vivir."

Con una propuesta escénica innovadora y a la vez sencilla, un par de jóvenes regios nos presenta lo que prometen, una historia que quizás todos conocemos, que quizás todos hemos vivido y que quizás todos deseamos vivir.
Dos extraños se conocen en una ciudad que no es la suya, pero que se convierte en el escenario perfecto para que la magia ocurra (con un poquito de ayuda de la tecnología).
El texto bien podría considerarse una comedia romántica, donde las risas no vienen del chiste fácil o el doble sentido, sino de identificarte con la situación del personaje. A fin de cuentas el teatro no es más que un reflejo de lo que pasa en la vida real de todos. Esta capacidad de reflejarte en la obra es lo que hace que como espectador te atrape de inicio a fin.
Para rematar, Rodolfo Cantú (escritor, director y actor de la obra) hace uso de un perfecto y muy bien logrado mapping (creación de Sam Cepeda) que le da un toque intimista y de vanguardia a la obra. A la vez, el uso de esta tecnología, permite que la obra se pueda presentar en cualquier tipo de foro, ya que suple en momentos los efectos de iluminación de una sala preparada para ello.
Según el facebook de la obra, casi todas sus funciones han sido en espacios pequeños lo que permite que la distancia entre los actores y el público sea casi mínima, y el ambiente sea tan íntimo que sientes que son tus amigos contándote esa historia que quisieras vivir.

Ficha técnica:
Texto y dirección: Rodolfo Cantú
Actores: Rodolfo Cantú y Ricardo Traviezo
Mapping: Sam Cepeda
Co-Direccion/Acting Coach : Ale Zapata
Asistente de Dirección : Karen Lazalde.
Productora Ejecutiva : Kagua Treviño.

Pequeño fin del mundo

Fotografía tomada del Facebook de la obra

La adolescencia es el inicio de las grandes primeras veces: el primer beso, la primer reprobada, el primer portazo a tu cuarto, la primer chela, el primer faje y hasta el primer apocalipsis. Ese apocalipsis ocurre mil veces en un año. Sentimos que el mundo se nos acaba después de cada primera vez: el primer regaño, la primera vez que te quedas sin lana, la primera vez que haces el ridículo frente a todos. Luego, viene el valemadrismo, el “vale madre, al cabo que mañana se acaba el mundo”. Y  mañana es otro día, y mañana del mañana será otro y mañana del mañana del mañana…

Con un texto y dirección de Víctor Hernández, él mismo junto con Sergio Moreno nos presentan en “Pequeño fin del mundo” escenas de la vida de dos adolescentes que cursan sus estudios en una de las tantas escuelas secundarias técnicas del país. La situación no es sencilla: bombardeados por los medios de comunicación y por la presión de liberarse del yugo familiar, los lleva a un vórtice donde la violencia y la competencia ponen a prueba la amistad y la misma condición humana

El montaje de la obra es sencillo, con una escenografía mínima pero funcional. Sumado a ello, se hace uso de proyecciones de video grabadas y en tiempo real, lo que ayuda a que la obra se vuelva dinámica y logre atrapar al espectador. Aunado a esto, el ritmo de cada escena te hace sentir como en esa montaña rusa hormonal adolescente: en momentos tranquilo y apacible para, en un segundo, volverse un espiral de violencia

La fuerza del montaje recae totalmente en la  capacidad actoral de Moreno y Hernández, quienes logran una química perfecta para encarnar a dos amigos adolescentes. El trabajo realizado por Sergio Moreno es altamente rescatable, al darle a su personaje un auténico toque de barrio de la zona metropolitana de Monterrey.

Son destacables las escenas violentas, porque son inesperadas (aún y cuando en el programa te spoilean que habrá una pelea al leer el crédito de la coreografía de Carlos Alberto Pérez) pero bien ejecutadas y necesarias dado el contexto de la obra.

Algo que no me agradó mucho, es la línea casi invisible entre el actor y el personaje. Pareciera ser una moda (afortunadamente en decadencia) en algunas producciones regias: llega un momento en que no sabes si quien habla es el actor o el personaje. Considero que el actor debe hablar a través del personaje, mas no entrar el actor como un personaje mas.

Tanto el texto como el montaje demuestran que Victor Hernández, como dramaturgo y como director, tiene todavía muchas sorpresas que darnos, sobre todo porque demuestra una visceralidad que pocas veces se llega a ver en escena.



Nuevo reto.



Hace unos meses decidí que quería cursar una licenciatura en gestión cultural. Sé que quizás el tiempo libre que tengo (el cual no es mucho) se iba a disminuir, pero es un proyecto personal que ansío mucho.

Hace dos semanas me informaron de mi admisión. Los nervios son parecidos a los que sentí cuando inicié mi primer carrera, pero la emoción es mayor. Una de las primeras actividades que tuve que realizar fue escribir una carta de exposición de motivos, la cual me sirvió mucho para recordar aquello que  realmente siento que me llena y me hace mejor persona. La comparto.


Mi nombre es Carlos López Díaz, tengo 26 años y vivo actualmente en Monterrey, aunque nací en Saltillo, Coahuila. Tengo una licenciatura en Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Coahuila. Actualmente estudio la Maestría en Tecnología Educativa en la Universidad TEC Virtual, institución en la cual laboro en el área administrativa.Mi acercamiento con la gestión cultural se dio a partir de mi apoyo como voluntario en el Museo del Desierto, en Saltillo. Tuve la oportunidad de colaborar en el área de Servicios Educativos y recuerdo una actividad en especial, que es la Promoción Nacional Cultural de Verano. Esta promoción la organiza el Museo Nacional de Arte a nivel nacional, y se busca fomentar en los niños la asistencia a los museos, realizando una especie de rally. El Museo del Desierto ha sido año con año el coordinador estatal en Coahuila de dicha promoción y a me tocó estar apoyando en dicha coordinación.
Tuvimos la oportunidad de colaborar con una importante cantidad de museos de todo el Estado, y nos ubicamos como la segunda entidad con mayor número de museos participantes. La actividad demandaba no sólo el invitar a los museos a enlistarse, sino también promover actividades individuales y conjuntas para que los niños tuvieran una experiencia diferente al asistir al museo. Esta participación me permitió darme cuenta de lo complicado que resulta para un museo lograr que el público acuda, además de que para mucha gente todavía existe una asociación entre las palabras “museo” y “aburrido”.Posterior a esta experiencia, tuve la oportunidad de involucrarme en la creación de dos revistas universitarias. En la primera de ella, formé parte del consejo editorial el cual estaba conformado por estudiantes de música, comunicación, economía y administración, lo que permitía una diversidad de ideas que se reflejaba en una publicación igualmente diversa. De esta publicación se editaron sólo dos números con un tiraje de mil ejemplares.
A raíz de este ejercicio editorial, conformamos un pequeño grupo con la intención de solicitar una beca a la Dirección de Cultura del municipio. Desafortunadamente el proyecto no logró el apoyo oficial, pero decidimos gestionarlo por otros medios. Fue así que realizamos una segunda revista, enfocada más en la difusión de jóvenes escritores. Mi labor consistía principalmente en el diseño de la revista, gestionar la participación de artistas plásticos para ilustrar la revista y distribución en lugares determinados. Publicamos cuentos y poemas en cinco ediciones por un lapso de año y medio, cada una con un tiraje de mil ejemplares. Posteriormente revivimos un poco el proyecto, pasándonos al ámbito virtual y lanzamos un blog que actualizábamos entre los tres integrantes (http://giralaruleta.blogspot.mx/) Actualmente estamos trabajando en digitalizar las ediciones para lanzarlas en línea.
A la par de mi participación en la revista, una amiga y yo notamos la ausencia de programas de apoyo a actividades culturales en la universidad, por lo cual nos aventuramos a diseñar y presentar un programa en el cual se buscaba fomentar el desarrollo de actividades artísticas entre los alumnos universitarios. Decidimos nombrarlo Circo Universitario de las Artes y lo dividimos en cinco áreas: Artes visuales, Teatro, Música, Danza y Literatura. El proyecto resultó muy exitoso y contó desde un inicio con el apoyo oficial, complementado con un pequeño consejo de alumnos de diversas disciplinas que aportaban ideas. Me tocó participar activamente en tres ediciones del proyecto, haciéndome cargo desde la planeación, la estrategia de promoción, la coordinación de los concursos y la logística de los eventos. Me siento orgulloso de saber que el proyecto sigue actualmente en marcha, siendo su más reciente edición (la octava) en mayo 2012 (ver más información en http://www.cus.uadec.mx/circo.php)
De igual forma, solicité el registro como Promotor Cultural de mi facultad ante la universidad. Como tal, me dediqué a fomentar el arte y la cultura con diversas actividades. Gestioné tres exposiciones que se exhibieron en la biblioteca de la facultad, una realizada por el artista plástico Roy Carrum, una colectiva de fotografías de alumnos de comunicación y una más con los ganadores del Circo Universitario de las Artes. Así mismo, promoví la realización del altar de muertos por tres años consecutivos. Además  realicé actividades de “terrorismo poético” en las cuales se buscó promover la literatura a través de acciones poco comunes, como colgar de un tendedero poemas románticos, o realizar carteles con poemas desprendibles.Lamentablemente una vez terminados mis estudios universitarios y empezar a trabajar, el tiempo que le podía dedicar a la promoción cultural disminuyó, más no el interés, el cual he mantenido siempre. Lo que hice fue buscar promover entre mis conocidos la asistencia a actividades artísticas y culturales.Posteriormente me mudé a la ciudad de Monterrey, en donde he participado principalmente en procesos de formación artística propia, principalmente talleres literarios), así como en la difusión de eventos culturales a través de las redes sociales y de un blog (http://tigreconspirador.blogspot.mx/).
Desde mi arribo a Monterrey, había buscado alguna manera de desarrollarme en el ámbito artístico-cultural, con el objetivo de profesionalizar un poco mis actividades de la licenciatura para poder realizar proyectos más concretos y fuertes. Cuando supe que la UDG Virtual ofrecía una carrera enfocada en la gestión cultural me pareció una buena forma de retomar mi formación en el área cultural, ahora de una manera formal ya que mi aprendizaje fue casi en su totalidad empírico y autodidáctico.Me considero un consumidor de arte, sin embargo no he encontrado que tenga algún talento artístico sobresaliente como para contribuir por ese lado al desarrollo cultural de la región. Sin embargo, creo que puedo aportar algo mediante la promoción, difusión y gestión cultural, un campo pocas veces tomado en cuenta.Estoy interesado en la promoción, difusión y creación artística a través de medios emergentes, como lo es internet, dispositivos móviles y tabletas digitales, al promover éstos una nueva manera de comunicarnos y socializar.
Me despido no sin antes compartir mi entusiasmo al ingresar a esta licenciatura, sobre todo después de ver las presentaciones de mis compañeros y darme cuenta de la diversidad de disciplinas y formas de pensar, con lo que espero se dé una formación multicural con mucho valor. Saludos cordiales desde el noreste mexicano.

Que no se diga que las mujeres de Gabriel no saben despedir a sus muertos


Fotografía tomada del Facebook de la compañía de teatro


Son los últimos años de la década de los sesenta. Una tormenta de nieve azota a Monterrey. Gabriel muere misteriosamente.

Con un estilo almodovariano, Jandro Chapa nos presenta una historia sobre la verdad, su manipulación, ocultamiento y rechazo. Las mujeres que forman parte de la vida de Gabriel se ven obligadas a asumir la verdad sobre su propia vida y la que llevaban con él.

La obra, escrita y dirigida por Chapa. nos presenta a personajes que, en primera instancia, pudieran parecer clichés: un actor y director mujeriego, una española con ideas liberales para la época, la niña rica que cree conseguir talento con el dinero, la actriz “putita”, el director extravagante de teatro, la mujer de las buenas costumbres y la sirviente dicharachera. Sin embargo lo interesante es la manera en que las historias de todos estos personajes se van enlazando, convirtiéndose en una telaraña que termina destruyéndose al morir su principal soporte: Gabriel.

El trabajo directivo, actoral y de montaje de los integrantes del grupo La Casa de la Abuela, se ve reflejado en una historia contada casi en tiempo real, con la integración de flashbacks que ayudan a ir descubriendo cómo, a través de la manipulación de la verdad, Gabriel mantenía consigo a sus mujeres.

El texto contiene diálogos inteligentes y profundos, logrando que cada personaje aporte el elemento necesario para la historia.  Aún así, hay personajes que en la ejecución quedan mucho a deber, principalmente por la juventud de los actores (en específico los papeles de Caridad, Gabriel y Laura Regia), la cual pone trabas en la interpretación de papeles que requieren de madurez.

Jandro Chapa es un escritor y director que se ha caracterizado por ser muy musical en sus obras, ésta no es la excepción. El ritmo de cada escena y diálogo es preciso, la transición y el orden de las escenas le da un toque especial a la obra. Además, es importante mencionar que el score seleccionado para este montaje se convierte en la cereza del pastel.

Si pudiéramos hablar de pequeños detalles a mejorar, sería conveniente señalar el vestuario ya que no se explica cómo es que después de una nevada, aparezcan tres personajes con minifalda. Además, hay algunos objetos de utilería que quedan fuera de época.

La obra se estará presentando todavía del 20 al 22 de enero de 2012 en la Sala Experimental del Teatro de la Ciudad.



La chica que se robó la Torre Eiffel

...(Tú sabes cómo te digo que te quiero
cuando digo: "qué calor hace", "dame agua",
"¿sabes manejar?", "se hizo de noche"...Entre las gentes,
a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde",
y tú sabías que decía "te quiero".)

Espero curarme de tí – Jaime Sabines
Las palabras no siempre son necesarias. Basta una mirada cómplice, un sueño en el mar, una mano sirviendo vino tinto para poder decir te quiero. Bastan las estrellas, una conexión intergaláctica y miradas a la misma luna. Basta un beso travieso, tres notas de una canción, una visita a París sin salir de casa.

“La chica que se robó la Torre Eiffel”, propuesta escénica del grupo regiomontano “La Casa de la Abuela”, tiene como premisa principal el amor sin palabras. Con una escenografía sencilla montada en una sala tipo arena, la obra, creada y dirigida por Jandro Chapa y Luna Flores, nos muestra la historia de amor de Mila (Ana Riojas) y Bruno (Adrian García), dos seres que han decidido dejar a un lado las palabras, sabiendo que los sentimientos no solo se sienten dentro de cada uno, sino que se transmiten en forma directa y sin escalas a su destinatario.

La historia es muy bella, tanto que no merece  ni puede ser contada en este espacio. Describir con palabras el amor entre Mila y Bruno es quitarle su magia. Sin embargo, hay escenas que vale la pena describir, como una pequeña probada del talento de estos jóvenes regios.

En un sueño de Mila, Bruno le prepara una sorpresa mágica. Después de unos ademanes de mago, le regala a Mila un pez. El pez, como el amor, no puede vivir fuera de su ambiente natural. Bruno le tiende una mascada azul a Mila, para que entre con ella al mar.

Mila y Bruno deciden hacer un picnic en París. Nunca salen del departamento de Mila. Ellos saben que sólo se necesitan a ellos, pero se hacen acompañar de vino tinto, mermelada, lunetas y whiskas. Un picnic en París no está completo sin un paseo por la Ciudad Luz. El público se vuelve cómplice del paseo, y se hace presente en los recuerdos del viaje.

Es difícil imaginar una puesta en escena sin un solo diálogo. Normalmente las palabras, las figuras retóricas, la imágenes contenidas en el texto de las obras le da un gran valor a éstas. Por ello, “La chica que se robó la Torre Eiffel” se vale de recursos musicales y danzísticos para añadirle valor a la historia. Instrumentos de cuerda y percusión le dan voz a Mila. La danza contemporánea y el tap le dan voz a Bruno. La obra también cuenta con  banda sonora, integrada por grupos como Oasis, Coldplay, Kinky, La Casa Azul, Tiziano Ferro, entre otros.

Con ejecución casi perfecta, la obra se desarrolla ligeramente. Aunque dura menos de una hora, al salir de ella, uno se siente completamente satisfecho. Es de aplaudirse el esfuerzo por presentar una obra independiente de los apoyos oficiales, así como es importante resaltar la creatividad de todos los involucrados en la creación y montaje de “La Chica que se robó la Torre Eiffel”.

Al final de la obra, Mila y Bruno nos despiden invitándonos a ser parte de su amor,  recordándonos que las palabras a veces no son necesarias.

@gatohelecho en 140 caracteres (o menos) Vol. 2

Siguiendo con la recopilación de tweets de @gatohelecho, les traigo el segundo volumen.

Espero lo disfruten
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Pueden descargarlo de AQUÍ

Las instrucciones para armarlo, las pueden ver aqui